El color

De todos los recursos estructurales, el color es uno de los más complejos. Ha tenido una gran trayectoria histórica con múltiples intentos de conceptualización teórica. Autores como Plinio el Viejo, Aristóteles, Descartes, Boyle, Goethe o Delacroix han planteado diferentes esquemas.

La gran complejidad del color tiene que ver frecuentemente con cruces terminológicos entre los colores luz y los colores pigmento, o lo que es lo mismo, los colores obtenidos por el prisma de Newton y los creados por la paleta del pintor. Esta distinción lleva a hablar de colores básicos que no pueden retrotraerse a otros anteriores y colores secundarios o complementarios, que son una combinación de los básicos.

En los colores luz, los primarios son el rojo anaranjado, al azul-violeta y el verde. Sumados entre sí por la mezcla aditiva (suma de luces), dan lugar a la luz blanca de la que hablaba Newton.

En los colores pigmento, los primarios son el magenta, el cián y el amarillo, colores que sumados en la denominada mezcla sustractiva (por arrebatarse el tono unos a otros) forman como secundarios el verde, el naranja y el violeta.

  

Cada uno de estos colores posee propiedades que merece la pena subrayar:

· Amarillo: el color más claro y luminoso. Lo hace rápidamente distinguible aún aplicado en pequeñas cantidades, aunque también es el menos resistente frente a sus derivados. De ahí que se convierta con gran facilidad en verde amarillento o naranja amarillento, o que no llegue a formar una familia cromática propia. Se suele asociar con la sabiduría y la más alta comprensión intuitiva. Además se considera en color del sol, del poder y de la arrogancia.

· Rojo: el más atractivo de todos. Se caracteriza por su tendencia a expandirse.  Se suele asociar con la representación de sangre, fuego, violencia, actividad y acción. Es, sin duda, el color el movimiento. También se emplea para aludir a la vitalidad y a la ambición. Un empleo excesivo del rojo puede llevar irritar e impacientar al espectador. Da la sensación de vibración propia, puede aumentar la presión sanguínea y el sistema nervioso. Es un color extrovertido, vital, impulsivo. Consigue activar la actitud de alerta, así como mejorar la memoria. Por eso se emplea a la hora de corregir textos.

· Azul: tiende a replegarse y es el más pasivo.  Se asocia con la inteligencia, con la verdad, la sabiduría, el cielo, la paz y la quietud. Saturado expresa sensación de frío. Brillante resulta sinónimo de dominio y fuerza.  Es el color de los sueños, de la fidelidad. Cabe destacar que no fatiga la vista e incrementa la creatividad. Las encuestas lo sitúan como el color favorito de la mayoría de la población (cerca de un 35% en Estados Unidos). Se le asocia un carácter tierno, calmante, tranquilo, seguro y confortable. Da sensación de control y repsonsabilidad. 

· Verde: presta un grado intermedio de claridad, igual que el rojo, pero se distingue de éste por su menor fuerza cromática. Obtenido, además, de la mezcla de un color puro oscuro como el azul y del más claro de todos, el amarillo, está respecto al rojo más próximo al gris, fruto a su vez del blanco y el negro, los colores acromáticos más claro y oscuro respectivamente. Se suele asociar con la esperanza, la primavera, la juventud y la naturaleza. Produce efectos sedantes, reconstituyentes y suaves. Se emplea en muchas ocasiones para evitar la fatiga en la lectura o visualización.

· Naranja: secundario de amarillo, se comporta al contrario que éste por su dificultad para ser detectado en discretas aplicaciones y quedarse invariable ante el rojo y el amarillo (sus primarios inmediatos). Sólo atenuado pierde carácter, porque entonces, trasnformado en marrón, se integra en los colores tierra. Significa entusiasmo, ardor, incandescencia y euforia. Mezclado con el blanco da rosa, que tradicionalmente se asocia con la feminidad. Una exposición excesiva a este color puede producir nerviosismo y agitación.

· Violeta: sin una eternidad enteramente definida, es el más ambiguo, el menos estable y unitario, por lo que su percepción suele confundirse con una zona oscilante entre un violeta rojizo (si predomina el rojo) y un violeta azulado (si lo hace el azul). Se asocia con la profundidad, el misticismo, el misterio y la melancolía. Además simboliza la espiritualidad y la intuición, así como el conocimiento, la sabiduría y la comprensión.

Con respecto al blanco y el negro, se habla de ellos como colores acromáticos siguiendo a Leone Bautista Alberti. Para el teórico renacentista, el blanco, al no ser pigmento cromático, tampoco es un color sino luz, lo que explica su uso para aclarar los diferentes colores. Lo mismo cabe decir del color negro. En este caso se trata de la oscuridad. Se mezcla con los que sí son colores para oscurecerlos. Por todo ello, el blanco y el negro no deben ser considerados como verdaderos colores, sino transformadores de los mismos.

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